Un ramo repleto de flores recién cortadas de un jardín vecino, una canción bonita que suene a un volumen elevado y dos copas, de esas para el burbujeante champán…
Realmente no se me ocurría nada más alegre y fresco en ese instante. Ahora, empezaré a describir lo que tiempo después secuestro mi mente:
Tres cuartos de una pastilla de Toblerone comida, un medio de Casablanca vista y oída, uno o quizás dos monólogos pausados y no se cuantas lágrimas secadas.
No había ni champán, ni flores, ni notas de música, pero igualmente, son dos situaciones que cualquiera debería vivir, son dos posturas o posiciones que discuten, debaten sobre su valor en la vida de los seres humanos y quizás, con certeza podría decir que siempre están en desacuerdo, aunque, lo segundo, más que una situación podría denominarse como una (no) despedida agradable.